El pasado 11 de diciembre tuvo lugar en el Salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla la firma de un manifiesto empresarial de apoyo al establecimiento de una línea aérea directa entre la capital hispalense y los Estados Unidos, una iniciativa impulsada por el Club Victoria que ha contado con el inestimable apoyo del consistorio sevillano. Reproducimos ahora, por su interés, el discurso íntegro con el que se abrió el acto, que sirvió para justificar históricamente la deuda pendiente de enlazar Sevilla con América de una manera directa y constante.
Autoridades, empresarios, amigos todos. Damas y caballeros, es para mí un gran honor estar aquí hoy.
El objetivo de este histórico encuentro que vamos a celebrar con los máximos representantes del tejido empresarial de Sevilla y su área de influencia no es otro que formalizar la firma de un manifiesto de apoyo a la apertura de una línea aérea directa entre Sevilla y Estados Unidos, una auténtica deuda histórica que, entre todos, estamos muy, muy cerquita de saldar.
Bueno, antes que nada, considero interesante resaltar que el nombre de este salón en el que nos encontramos deriva, obviamente, de Cristóbal Colón, un personaje cuya relación con Sevilla fue muy intensa; prueba de ello es que en nuestra catedral descansan sus restos mortales. Como se ha demostrado hace poco, el almirante no era de Génova, la versión que se había aceptado tradicionalmente, sino un judío del levante español, probablemente mallorquín, que se presentó ante los Reyes Católicos con una identidad disfrazada para no meterse en problemas con la más que delicada cuestión de la pureza de sangre que exigían sus majestades.
En aquellos años del descubrimiento, la leyenda todavía se daba la mano con la realidad, la religión vertebraba todo y los estamentos propios de la Edad Media comenzaban a desvanecerse. Por ello, es normal que los expedicionarios a las Indias, muchos de los cuales pensaban que iban a Cipango, el nombre con el que Marco Polo bautizó al actual Japón, buscasen enriquecerse y evangelizar. Desde su punto de vista, eran dos metas totalmente lícitas.
Valorar su actitud desde el prisma del siglo XXI es tan injusto como miope.
Comencemos nuestro relato en el siglo XVI, una época que, como ya he señalado, fue de grandes exploraciones y descubrimientos. En 1513, el navegante español Juan Ponce de León —quien da nombre a una plaza no muy lejos de donde nos encontramos—, pucelano pero con fuertes lazos con Sevilla, llegó a las costas de la península de Florida. Este audaz explorador, que había partido de nuestra ciudad, buscaba —como muchos otros— la legendaria Fuente de la Juventud…
¿Ven lo que les contaba antes de que todavía reinaba la leyenda sobre la ciencia en esa época?
Si avanzamos unos años más en el tiempo, nos encontraremos con Hernando de Soto, Lucas Vázquez de Ayllón, Pánfilo de Narváez y un larguísimo etcétera de exploradores aventureros, cuyas expediciones fueron casi todas fracasadas para lo que esperaban conseguir de ellas, pero que sirvieron para dejar una huella indeleble en la historia de Florida, previo paso siempre por Sevilla, porque todo pasaba por esta bendita ciudad. No olvidemos que durante dos siglos, nuestro puerto fue el único con derecho a comerciar con las Indias.
Por cierto, quisiera recalcar que esas expediciones contaban con el visto bueno de la Casa Real de España, claro que sí, pero la mayoría estuvo financiada por manos privadas: me refiero a compañías, a empresarios visionarios, que arriesgaban su patrimonio ante lo que parecía una sensacional oportunidad de mercado.
Ojo, he dicho: «Empresarios avispados y valientes»… como todos los que hoy nos acompañan en esta sala.
Bueno, me detengo ahora en Francisco López de Mendoza Grajales. ¿Le suena este nombre? Reconozco que, antes de montar esta pequeña exposición, yo lo desconocía por completo… Bien, se trata de un sacerdote español, concretamente de Jerez de la Frontera, ciudad entonces perteneciente a la Archidiócesis de Sevilla. Fue él quien, junto con Pedro Menéndez de Avilés, fundó San Agustín, la ciudad más antigua de origen europeo situada en territorio continental norteamericano. Concretamente, aquello sucedió el 8 de septiembre de 1565.
Sepan ustedes que San Agustín todavía existe y que se encuentra a tan sólo 504 kilómetros de Miami. Merece una visita, ¿no cree, señor alcalde?
Bien, este mencionado López de Mendoza, obrando bajo las instrucciones de sus jefes en la Archidiócesis hispalense, fue quien ofició la primera misa en lo que siglos más tarde sería Estados Unidos. Su influencia llega hasta hoy, porque, sin él saberlo, puso la simiente de una celebración esencial para el imaginario colectivo norteamericano: el Thanksgiving, la festividad de acción de gracias si lo traducimos al español.
Avancemos hasta el siglo XVIII y pongamos el foco ahora en el sevillano Francisco de Saavedra. Hombre de confianza de Carlos III, él organizó el envío de recursos financieros y logísticos desde España y Cuba que permitieron que Bernardo de Gálvez venciera en la Batalla de Pensacola ante los británicos, una victoria absolutamente crucial para que tuviera lugar la independencia de Estados Unidos. Por aquella hazaña, un retrato de este militar español está presente en el Senado norteamericano.
Tranquilos, que ya voy acabando… Regreso ahora a lo que les había comentado al principio de mi intervención: el establecimiento de una línea área entre Sevilla y Estados Unidos servirá para saldar una deuda histórica. Hoy, once de diciembre de 2025, en el Salón Colón de nuestro Ayuntamiento, marcamos un antes y un después para enlazar dos culturas hermanas.
Tan hermanas son que, por ejemplo, en el caso de Sevilla y Miami, ambas tienen una Giralda, una hermandad de La Macarena y una Feria en primavera en la que se bailan sevillanas. Y, si hablamos de Nueva York, basta recordar que entre 1905 y la década de 1950 la Gran Manzana estuvo unida con Sevilla mediante una vía marítima que funcionaba de forma regular como una conexión transatlántica.



